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jueves, 4 de septiembre de 2008

Pecio Heinkel 111



Hoy en el fondo azul, quiero compartir mi última aventura subacuática que tuvo lugar este fin de semana pasado frente a las costas de Tarragona.
Con los amigos de Sotavent nos lanzamos al agua, esta vez para visitar el pecio de un avión bombardero Heinkel 111 de la Legión Cóndor alemana, el cual, fue abatido por el ejército republicano en la Guerra Civil Española cuando éste habiendo cumplido su misión de bombardear algún objetivo se disponía a regresar a su base aérea en Mallorca.
Todos sabíamos que la inmersión iba a durar poco. A toda costa queríamos evitar entrar en descompresión. Entre 15 y 20 minutos era el tiempo que podríamos estar a 31 metros de profundidad descubriendo los restos de dicho pecio.
El GPS nos llevó al sitio indicado. Estaba todo listo, la embarcación bien fondeada y una botella de aire de apoyo atada a 5 metros por si alguien se quedase sin aire en la subida.

Empezamos a descender por el cabo del ancla. El mar empezó a engullirnos lentamente a medida que íbamos compensando. ¿Que quedaría de ese avión abatido hacía más de 60 años? En breve lo íbamos a saber.
El ordenador iba marcando la profundidad, 15, 20, 25 metros y aún no se veía el fondo. La temperatura del agua cambio radicalmente y la sensación de frío la tuvimos todos.
Por fin, una sombra en el fondo dejó paso a un esqueleto de hierros retorcidos que yacían sobre la arena. Contemplando tal figura metálica difícilmente uno podía pensar lo que en su día fue, un bombardero alemán cargado de bombas. Lo que si me dio satisfacción era pensar que aquél avión que en su día sirvió para cegar vidas, hoy da cobijo a una amplia vida animal con langostas, congrios, serránidos, nudibránquios, antías etc...

Finalmente, llegó el momento de volver a subir, de agarrarse al cabo del ancla y de volver a la superficie y poder contar dicha experiencia.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Momentos



Cada immersión es una experiencia diferente. No existen ni mejores ni peores. Cada immersión es única en su forma. Lo que si que puedo decir es que hay experiencias en el fondo azúl que dejan gravado su ADN en la retina del buceador.
Este es el caso del Pecio Malakoff que embarrancó frente a las costas de la isla de Menorca durante una noche muy oscura y se llevó consigo al fondo del mar la mayoría de su tripulación.
Estábamos preparados para la immersión. Después de llegar con nuestra semirrígida al lugar dirigidos por un Gps empezamos a descender.
Era fácil distinguir a los pocos metros de profundidad la silueta oscura posada sobre la arena blanca de lo que en su día había sido un mercante francés. Las cuadernas ordenadas i dispuestas a lo largo de aquél barco hundido se levantaban hacia arriba dándole un aspecto terrorífico. Estar allí frente aquel esqueleto de hierro oxidado me hacía sentir especial, como si formara parte de aquella maravillosa composición de belleza y tragedia.
Recuerdo que la corriente era cada vez más fuerte lo que el esfuerzo se multiplicaba cada vez más. El recorrido lo iniciamos de popa a proa empezando por la zona de la hélice y fuimos subiendo paseando y disfrutando de ese espectáculo único para mí hasta entonces.
Un grupo numeroso de barracudas nadaban en círculos sobre el viejo Malakoff , patrullando, observando todo aquello que hacíamos aquellos que nos atrevimos a pasearnos aquél verano entre los ordenados huesos oxidados del pecio a más de 36 metros de profundidad.